A lo largo de la historia reciente, el desarrollo industrial y el avance tecnológico han impulsado un crecimiento económico sin precedentes; sin embargo, este progreso ha traído consigo la aparición de riesgos de gran magnitud.
La historia de la seguridad industrial suele escribirse a partir de las tragedias del pasado. Eventos como el accidente de Seveso en 1976, de Chernóbil, Bhopal o el vertido de Deepwater Horizon, no solo conmocionaron a la opinión pública, sino que han demostrado que las fallas en los sistemas complejos no solo conllevan pérdidas humanas y materiales devastadoras, sino que también generan consecuencias ambientales e institucionales a largo plazo. Además, estos eventos, sentaron las bases para normativas internacionales orientadas al control de los riesgos inherentes a sustancias y procesos peligrosos.
Comprender los factores desencadenantes de los accidentes mayores y los desastres tecnológicos resulta imprescindible para diseñar sistemas de gestión resilientes. La seguridad en entornos industriales de alta complejidad constituye uno de los desafíos más críticos de la ingeniería y las ciencias sociales modernas. Denominados en la literatura como "accidentes mayores" o "desastres tecnológicos", estos eventos se caracterizan por su baja probabilidad de ocurrencia pero por su impacto potencialmente catastrofista. A diferencia de los desastres naturales, los desastres tecnológicos son el resultado de la interacción de fallas mecánicas, errores humanos, deficiencias organizacionales y lagunas regulatorias.